El silencio fue el primero en subir al escenario.
Tras soltar el periódico que mantenía en sus manos, apenas un haz de luz dibujaba la silueta de Yerai Cortés mientras las primeras notas de su guitarra rompían la oscuridad de El Muelle Live.
Sin prisas, casi susurrando, comenzó a construir un concierto que, como una marea, fue creciendo poco a poco. A cada tema se sumaban nuevas voces, las palmas empezaban a marcar el compás y el juego de luces evolucionaba con la música: de la intimidad de los focos cálidos y tenues a una iluminación mucho más envolvente, acompañando cada crescendo sin robar jamás protagonismo a la guitarra.
Más que un concierto, la sensación era la de asistir a una ceremonia flamenca contemporánea.



Y qué mejor lugar para vivir esa experiencia que Alicante.
Porque el pasado miércoles no actuaba únicamente uno de los guitarristas más admirados del panorama nacional. Volvía a casa. Dentro del ciclo Aquarela Music, Yerai Cortés regresó a la ciudad que lo vio nacer en el momento más brillante de su carrera, y el público respondió como se recibe a alguien que nunca ha perdido el vínculo con su tierra.
El recinto, con el Mediterráneo como telón de fondo, acogió a un artista que no necesita grandes escenografías para llenar un escenario. Su propuesta es aparentemente sencilla: una guitarra, un coro de seis voces, las palmas y una cuidada puesta en escena donde la luz se convierte en un instrumento más.
Conforme avanzaba el repertorio, los contrastes lumínicos acompañaban la evolución emocional del espectáculo, alternando sombras, contraluces y tonalidades cálidas que reforzaban el carácter casi cinematográfico de cada pieza, sin desviar nunca la atención de la música.



Desde ese arranque contenido, el concierto fue creciendo en intensidad. La complicidad entre los músicos era constante y el público, completamente entregado, respondió con un respeto absoluto. Apenas se escuchaba un murmullo entre canción y canción; el silencio se convirtió en parte del espectáculo, roto únicamente por ovaciones que llegaban con fuerza al terminar cada interpretación.
Su manera de tocar continúa sorprendiendo por la naturalidad con la que alterna momentos de una delicadeza casi infinita con explosiones de fuerza y compás. Cada falseta parecía contar una historia distinta, mientras las voces y las palmas construían una atmósfera envolvente que convertía el escenario en un espacio profundamente emocional.
No es casualidad que Yerai Cortés se haya convertido en uno de los nombres imprescindibles del flamenco contemporáneo. En los últimos años ha colaborado con artistas de diferentes universos musicales, ha llevado su guitarra a escenarios internacionales y ha alcanzado una enorme proyección gracias al documental La guitarra flamenca de Yerai Cortés, dirigido por C. Tangana. Todo ello sin perder la esencia de un músico que sigue encontrando en sus raíces el punto de partida de cada concierto.



Y quizá por eso el concierto del miércoles tuvo un significado especial. No era solo el reconocimiento a un artista de éxito. Era el abrazo de una ciudad a uno de los suyos. Alicante respondió desde el primer minuto, acompañando cada interpretación y despidiéndolo con una larga ovación que confirmó que el cariño sigue intacto.
La cita volvió a demostrar el excelente momento que atraviesa Aquarela Music, un ciclo que apuesta por propuestas donde la cercanía entre artista y público es tan importante como la calidad musical. Frente al mar, sin artificios innecesarios, Yerai Cortés recordó que el flamenco puede seguir evolucionando sin dejar de emocionar.



Porque hay conciertos que entretienen. Y luego están los que consiguen detener el tiempo. El de Yerai Cortés en Alicante fue uno de ellos.

